Hoy, como cada 17 de octubre, se celebra la jornada para concienciar sobre la necesidad de erradicar la pobreza en todo el mundo. Este día internacional fue reconocido por las Naciones Unidas en 1992, si bien la primera celebración fue en París en 1987, cuando más de cien mil personas se reunieron para manifestarse a favor de los derechos humanos y la libertad, reivindicando atención para las víctimas de la pobreza, el hambre y la violencia.

Una cuestión de derechos humanos

Además, un mes después, el 20 de noviembre, se cumple el 30 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDNU). Este tratado reconoce el derecho de cada niño a tener un nivel de vida que le permita un correcto desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social. Los niños son particularmente perjudicados por la pobreza, que también impide que tengan mayores ingresos y mejor salud de adultos. Es decir, la pobreza infantil es la negación de los derechos humanos de los niños.

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Pero la pobreza va más allá de la falta de ingresos suficientes. Tiene múltiples causas y consecuencias, que se resumen en la falta de lo básico para vivir con dignidad. La pobreza es una cuestión, por tanto, de derechos humanos, por lo que eliminarla es una obligación de todas las naciones.

Hoy es un día para ser conscientes de nuestro papel a la hora de luchar contra la pobreza, valorando el esfuerzo y la dignidad de las personas que viven en esta situación, escuchando sus problemas y haciéndoles protagonistas.

Educando en valores

En el Colegio CEU San Pablo Montepríncipe fomentamos la solidaridad y queremos que nuestros alumnos adquieran un papel protagonista en la mejora de la sociedad. A través del departamento de Pastoral y, a lo largo de todo el año, llevamos a cabo distintos proyectos para ayudar a aquellas personas que lo necesitan.

Trabajamos para transmitir desde los primeros años los valores cristianos a nuestro alumnado, que son el fundamento del modelo educativo de los Colegios CEU. Formamos, de esta manera, a la ciudadanía del futuro, con un alto sentido ético y un fuerte compromiso para cambiar el mundo y hacerlo mejor.

Un buen ejemplo de todo esto, es el compromiso de nuestro centro con el Proyecto Grégoire, la colaboración con la Fundación Juegaterapia o el proyecto Béleko.