En los días previos a la EvAU, los alumnos sufren niveles de ansiedad y un desgaste emocional muy grande. Y más este año porque a esa presión tradicional hay que sumarle la ansiedad acumulada por el confinamiento del curso pasado y las medidas restrictivas de este: mascarillas, enseñanza online alternada con la presencial, confinamientos puntuales por contactos estrechos, ausencia de contacto físico con familiares lejanos, toque de queda…

Se nota el cansancio psíquico. Ante esta situación, ¿qué podemos hacer si, después de más de un año en estas condiciones, tenemos un hijo que se enfrenta próximamente a la EvAU? El director de los Grados en Educación de la Universidad CEU San Pablo, Antonio Milán Fitera, propone algunas orientaciones para acompañar emocionalmente a los hijos que afrontan la EvAU. Son consejos enfocados a los padres que también viven esos días con especial nerviosismo y su papel es fundamental para que los hijos superen con éxito esta prueba.

  1. Acompañarlos en su montaña rusa (de emociones) particular. Hay días eufóricos que se ven capaces de todo, otros con enormes desánimos en los que les invade un pesimismo abrumador y otros en los que sienten una angustia terrible porque piensan que se están jugando su vida a una sola carta. En esos momentos los padres deben intentar evitar el reproche y manifestar que entienden sus vaivenes (“es normal que estés así”; “te entiendo, hijo mío, eso nos ocurre a todos en momentos de tensión”) y que les acompañen emocionalmente durante todo el camino (“estoy a tu lado siempre, pase lo que pase”). Y en vez de reaccionar con una afirmación que les haga pensar que dudamos de ellos, transmitir un mensaje optimista que demuestre nuestra confianza en su trabajo y en su esfuerzo.
  • Crear entornos de serenidad. Intentar transmitir serenidad porque los nervios se contagian. Y si los hijos ven cómo sus padres se esfuerzan por mantenerse tranquilos y serenos, será más fácil que ellos también lo logren. Crear entornos de serenidad significa, por ejemplo, que no noten nuestra angustia ni nuestro miedo ante lo que pueda ocurrir; que entiendan que pase lo que pase todo se puede solucionar; evitar, durante sus momentos de descanso, los interrogatorios sobre temas relacionados con los exámenes (“¿cómo llevas los temas de Historia?”) y favorecer la conversación, sin embargo, sobre otros temas que les descansen mentalmente (“cuando termines los exámenes, ¿qué planes quieres hacer?”); evitar discusiones familiares; enseñarles algún truco para relajarse si se quedan en blanco (“si notas que estás nervioso, empieza a respirar despacio con el abdomen; y si te quedas en blanco, intenta pararte un momento, respira muy lentamente y trasládate mentalmente durante unos minutos a un lugar conocido en el que siempre te hayas sentido seguro y sereno”).
  • Gestionar bien las incertidumbres y enfocar a los hijos en el momento presente. Hay mucha incertidumbre e inseguridad en la EvAU, nadie lo niega. Pero también es verdad que la mayoría de las cosas suceden solo en nuestra cabeza. En realidad, podemos cambiar exclusivamente el presente, no el ayer ni el mañana. De ahí que ayudar a los hijos a centrarse en el hoy y en el ahora sea un modo eficaz de gestionar la incertidumbre que provoca una prueba de estas características. Por ejemplo, en los días previos a la EvAU ya no merece la pena dedicar tiempo a las dudas que puedan surgir sobre si llegarán a la nota de acceso que necesitan. Ayudar a los hijos a no lamentarse por lo que pasó y a no preocuparse excesivamente por lo que vendrá. “Cuando lleguemos a ese río cruzaremos ese puente”, dijo el emperador Julio César. Hoy puedo decidir con mis actos quién quiero llegar a ser mañana.
  • Ayudarles a huir de radicalismos a la hora de afrontar los exámenes y después elegir su carrera. Intentar que busquen algún aliciente o se interesen por otros estudios para que afronten la EvAU con más de una opción en mente (“si no existiera esa carrera, ¿qué otra opción escogerías?”). Abrir la perspectiva y generar más opciones hará que se enfrenten a los exámenes con mayor tranquilidad.
  • Cuidarles esos días más que nunca. Repetirles, aunque parezca que rechazan escucharlo, que siempre les queremos por encima de todo. Porque saberse incondicionalmente queridos por sus padres es el factor que mejor previene de todo tipo de anomalías en el desarrollo de los hijos, también en este momento crucial en sus vidas. Así es como se sentirán verdaderamente acompañados.