En el Colegio CEU San Pablo Montepríncipe nuestro objetivo es formar jóvenes autonómos, capaces de aportar nuevas ideas y de plantear soluciones a problemas reales tomando decisiones y asumiendo riesgos.

Por eso, tenemos muy presente el emprendimiento en el aula. Es una forma de potenciar el desarrollo intelectual y social de nuestros alumnos, dotándoles de iniciativa, creatividad, autoconfianza y entusiasmo.

Según los expertos, el emprendimiento se educa. Y en el Colegio sabemos que es clave en el futuro del alumno porque es una competencia muy valorada en los procesos de selección de personal y que se desarrolla mediante el trabajo de ciertas habilidades. Y una estas habilidades clave para desarrollar el emprendimiento es el liderazgo.

Dirigir equipos de trabajo de forma eficaz y ética

Un buen líder debe aunar una serie de competencias que pueden ser innatas pero que también se pueden aprender, fortalecer y mejorar. Para liderar equipos es necesario una serie de fortalezas directivas como:

  • Ser un buen comunicador, abierto y dialogante.
  • Ser eficaz.
  • Ser resolutivo.
  • Contar con una buena dosis de confianza.
  • Tener una mentalidad emprendedora e innovadora.
  • Resultar motivador para los demás.
  • Ser carismático.
  • Tener valores e integridad.
  • Ser responsable, asumiendo siempre los éxitos y los fracasos.
  • Contar con una inteligencia emocional desarrollada.
  • Ser flexible y capaz de adaptarse a los cambios.

Dirigir un equipo de trabajo con éxito implica tener buenas ideas y ser capaz de llevarlas a cabo, para lo que es necesario saber analizar la situación actual, priorizar las necesidades, valorar las alternativas posibles y elegir la más adecuada en cada situación, asegurándose de que se va a ejecutar con la mayor agilidad y en el plazo más corto posible.

En lo que a organización de equipos de trabajo se refiere, el líder será responsable de elaborar estrategias y propuestas para una mayor competitividad, además de repartir de una forma eficiente las tareas. Siempre, orientado a alcanzar los objetivos con la mayor rapidez.

Sin olvidarnos de que la responsabilidad implica supervisar y controlar la labor del equipo, siendo un foco de estrés. Por ello, es fundamental una buena gestión de las emociones para que el liderazgo no se resienta y afecte al desarrollo de los proyectos.