La adolescencia en sin duda la etapa educativa más difícil, repleta de desafíos diarios y de estrategias por aprender. Ahora bien, a pesar de las percepciones negativas que muchas veces tenemos los adultos sobre los adolescentes, estos a menudo nos sorprenden gratamente rompiendo todos los clichés.

A pesar de que puede ser un período conflictivo entre padres e hijos, la adolescencia también es un período para ayudar a nuestros hijos a convertirse en los individuos que serán en el futuro.

Hay niños que hacen el cambio muy pronto y niños que lo hacen muy tarde. El peque que teníamos en casa, de repente, cambia. Antes era buen estudiante, contaba en casa las cosas que le ocurrían… La adolescencia lo ha revolucionado todo. El niño se ha vuelto rebelde, no quiere hablar y rechaza todo lo que le decimos sus padres. “No entiendo qué le está pasando”.

 Si al hijo le falta la base, en la adolescencia se verán las consecuencias. Eso significa que la educación del adolescente comienza cuando el niño nace.

Asegura que ningún ser humano está llamado a la mediocridad. “Tengo la certeza de que no hay una persona sin un don especial”. “En todo ser humano hay potencial, en todo ser humano hay grandeza, y tenemos que crear espacios de oportunidad para que las personas puedan mostrar lo que en realidad siempre han tenido y siempre tendrán”.

En un encuentro sobre educación en CEU, el Dr. Mario Alonso Puig, cirujano, conferenciante y escritor, nos explicó cuál es el potencial de nuestros adolescentes y qué tenemos que hacer los padres para que surja, florezca y prospere.

Los padres tenemos mucha experiencia, sabemos muchas cosas, «nos sobran cuerdas» decía Mario y también nos decía que sabemos servir mejor cuando utilizamos las palabras que nos salen del corazón.

En su opinión, la clave es la cooperación para responder unidos a los retos. Y nos dijo que no nos preocupemos por quedarnos cortos en la educación de nuestros hijos además de que no nos quedemos con la sensación de culpa “porque no es justo”.

¿Y cómo nos movemos? Pues eligiendo con el corazón y justificando con la razón. “A nuestros hijos no les preocupa tener padres perfectos, quieren padres que apoyan, escuchan, cuidan y quieren”.

Hijos oasis y maestros

Mario nos explicó los dos tipos de hijos: oasis y maestros.

El oasis es el que nos gusta y el maestro es el que nos mejora. El oasis es comprensivo, comunicador, social con los padres. El maestro es el desafiante, el reto permanente, el que busca la diferenciación permanente y el que desafía las reglas.

Mario Alonso Puig nos dijo que busquemos preguntas que nos abran sus mundos, busquemos la libertad en las verdades y convirtámonos en referencias. “Los padres y los profesores lo somos y eso es lo que transmitimos a nuestros hijos”.

Nuestro papel es desafiarles, ofrecerles retos, animarles a conseguir resultados. “También es ofrecerles nuestra atención, ayudarles a desarrollar su autoestima y dejarles que se conviertan en líderes mientras son responsables”.

Por su parte, el escritor Gregorio Luri, Doctor en Filosofía y Licenciado en Ciencias de la Educación, habló en otro CEUTalks obre los problemas a los que se enfrentan las familias actuales a la hora de educar a sus hijos y cómo tenemos en nuestras manos recursos suficientes para vivir la experiencia de educar con tranquilidad, satisfacción y emoción.

Educar con sentido común

Gregorio Luri apela, en esta situación, al “sentido común”. No hay familias perfectas, y pretender gestionar la vida de nuestros hijos de forma “pluscuamperfecta”, es someterlos a una exigencia injusta y a un estrés innecesario. “Es importante que sepan que van a tener ciertos fracasos, y que no es posible controlar todas las cosas humanas”.

 “Nuestros hijos tienen derecho a tener un padres tranquilos e imperfectos”, afirma.

 “Educar, no prohibir”

En otro espacio de reflexión CEU sobre educación, la conocida psicóloga de la salud y el deporte Patricia Ramírez y la profesora del CEU Chesca Torres aportaron también algunas claves sobre este tema.

A los hijos hay que respetarlos, generar un clima de confianza para que sean sinceros y corregirles con amabilidad. Son algunos de los consejos de la autora de “Entrénate para la vida”, para quien la autoridad “se consigue con razones y argumentos, no con gritos ni imposiciones”. “Siendo respetuoso y amable, asegura, nunca te equivocas”.

Patricia Ramírez apuesta por el poder de las afirmaciones positivas y el reconocimiento de las fortalezas de los hijos para potenciar su autoestima, “pues muchos niños tienen más información de lo que hacen mal que de lo que hacen bien”, advierte. “Ni desafíos, ni ironías, ni dobles negociaciones, ni ‘ya lo sabía yo’. Hay que hablar de forma clara, honesta y sin repeticiones”.

Por su parte, la profesora Torres recomienda prestar más atención a la faceta emocional de los hijos. “Normalmente, se da más importancia a lo intelectual y menos a lo que no se ve, es decir, a lo emocional. Lo cognitivo es un 10%, mientras que lo emocional supone un 90% en la persona, y es lo que hace que gestionemos mejor nuestro modo de estar en el mundo, de relacionarnos con los demás y con un óptimo desarrollo como personas. De ahí la importancia de la inteligencia emocional”, asegura la experta del CEU.

Aboga por reforzar la autoestima de los hijos y su seguridad en sí mismos, y nos recuerda que el rol de los padres “ha de ser justamente el de ser padres y no amigos”.

Muchas veces, sin darnos cuenta educamos en el miedo, porque anticipamos los problemas de la adolescencia antes incluso de que ocurran. Y del miedo pasamos a la sobreprotección, que deja a los adolescentes sin capacidad de autodisciplina ni autonomía.