
Viernes 12 de abril, 9:30 de la mañana, sale del colegio un autobús con alumnos de 1º de bachillerato que van a recibir el Sacramento de la Confirmación el próximo 23 de abril. Les espera un intenso fin de semana cargado de oración, catequesis y actividades donde el propósito es que tengan otro encuentro fuerte con Jesucristo antes de su confirmación, junto con el capellán del colegio, algunas madres y sus profesores.
Comenzamos la mañana con las Hermanas de los Ancianitos Desamparados. Nos recibe sor Rosa una simpática monja de unos 30 años, a punto de hacer sus Votos Perpetuos. Nos hace una breve introducción dándonos a conocer su carisma, dejando claro que es un servicio de amor por Dios. Pasamos a la zona de las mujeres y cada uno charla un rato con quien quiere, son momentos muy espontáneos donde surgen risas, abrazos y besos que las ancianas agradecen. Los alumnos quedan impactados con el testimonio de un hombre, que lleva quince años cuidando a su mujer con Alzheimer, cuando le escuchan decir :“Cada día quiero más a este ángel,… ¿Qué si me ha ayudado Jesús a amar a mi mujer? ¡Claro que sí!. Yo lo que no entiendo es lo de ahora que van de flor en flor, primero con una luego con otra, esto es un pitorreo”. Las chicas lloran de emoción, un profesor exaltado dice: “Casto, que aquí todas quieren un hombre como usted” y mirando a los alumnos varones les dice: “chicos aprended”. Los chicos también están emocionados e impactados. Paseamos por toda la residencia y vemos todos los talleres que realizan. Sor Rosa anima a los alumnos a que se acerquen a hacer voluntariado en su tiempo libre cosa que les parece muy bien a la gran mayoría y se concretan fechas próximas para volver. Terminamos la visita en la capilla con el testimonio de vida de esta hermana que nos ha acompañado toda la mañana, donde muchos nos vemos reflejados en la normalidad de su vida antes de entrar en la congregación como cualquier joven del S.XXI y con el mismo deseo de felicidad que tenemos todos. Deja muy claro que en la residencia todo gira en torno a Jesucristo, no por fanatismo sino porque es de donde emana el amor que les dan a los ancianos ya que el amor humano es limitado.
Salimos de la residencia a las 13:00h, nuestro próximo destino, La Aguilera. Hemos entrado en harina y vamos muy contentos a La Aguilera, con ganas de ver a Carmen Moreno, antigua profesora del colegio y catequista de estos alumnos durante el curso pasado que además es su cumpleaños. Llegamos a la hora prevista, comemos y entramos a rezar la Liturgia de las Horas con las Hermanas de Iessu Comunnio. Poco tiempo después, nos reciben en el locutorio cantando la canción “Soy de Cristo” con unas sonrisas radiantes. Pasamos la tarde con ellas y los alumnos quedan de nuevo impactados con los testimonios que comparten con nosotros, por su alegría y descubren la normalidad de las vidas de estas monjas antes de entrar al convento y una vez dentro. Descubren que tenían y tienen las mismas inquietudes y que la única diferencia en tal caso puede ser el camino recorrido aunque nuestros alumnos ya han comenzado a recorrer un precioso camino de fe y también lo compartieron con ellas. Las monjas nos contaban haber encontrado el tesoro buscado por todo ser humano: Cristo Resucitado. Todo era espontáneo y alegre. Algunos alumnos literalmente decían” flipar” con lo que estaban viendo y una alumna confesó haber temblado y no poder expresar lo que sintió al entrar en aquel locutorio. A los alumnos les sorprendía que dedicasen su vida a la oración pudiendo dedicar su tiempo a otras cosas más útiles, aunque ellos mismos eran testigos del poder de la oración en sus vidas. Comprendieron dos aspectos importantes sobre la oración: por un lado que la oración es eficaz, porque Dios escucha lo que le pedimos aunque después Él nos concede lo que realmente necesitamos, y por otro lado que la oración es un gesto de amor ya que es preocuparte por otra persona y poner esa preocupación en Aquel que sabe que puede saciar verdaderamente los deseos y anhelos más profundos del corazón humano. Terminamos el viernes en Ribota, provincia de Segovia donde nos hospedaremos hasta el domingo.
Sábado 13 de abril, pasamos el día en el pueblo de Ribota con catequesis, oración, Misa, cine, juegos y deporte. A lo largo del día compartimos experiencias de lo que íbamos viviendo, donde se percibía como los alumnos iban descubriendo que el amor cristiano no se entiende sin sacrificio siendo una entrega total sin reservas y que tenemos deseo de Dios y de plenitud, que sólo Cristo puede saciar y que la Iglesia es donde van a encontrar respuesta a las cuestiones más importantes de sus vidas enseñándoles a caminar con Cristo, Camino, Verdad y Vida. Tres momentos claves del día. Son las 15:30h, película “Matando a perros” basada en hechos reales: guerra en Ruanda, persecución de los Hutus y Tutsis (genocidio). Dos personajes principales, uno impulsivo que quiere ayudar tanto como el otro al pueblo a salvarse. El otro más tranquilo y la diferencia es el fundamento sobre el que ponen sus vidas. El primero cree tener fe pero no transciende y el segundo la tiene de verdad, el primero termina tirando la toalla y huyendo y el segundo permanece entregando su vida por salvar a varios de ellos. El segundo ve el amor de Dios en el sufrimiento de ese pueblo y se alimenta de la Eucaristía, tiene dudas y momentos de desesperación pero permanece y transciende. Realizamos comentario de la película con los alumnos y destacan varias escenas en las que el segundo personaje sorprende con su respuesta de amor verdadero que tanto anhelamos todos. Nos dan las 20:00h y nos alimentamos con la Eucaristía, tras este manjar celestial, entran muy bien unas deliciosas hamburguesas preparadas por unos cocineros de primera categoría. Cerca de la medía noche, 23:30h comienza la Adoración al Santísimo con previo lavatorio de pies y explicación de porque este signo. Los alumnos alucinan con el gesto de humildad del Padre Ángel, no se lo esperaban, él les explica que por el Ministerio Sacerdotal que ha recibido es el mismo Cristo quien les está lavando los pies. Continuamos con la adoración contándoles una historia del Santo Cura de Ars con un campesino para ayudarles a rezar; “yo Le miro y Él me mira, en eso consiste mi oración”.